Excursión de un día a Nikko desde Tokio

Un viaje al Japón más espiritual: excursión de un día a Nikko desde Tokio. Todo lo que necesitas saber

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Hay lugares que parecen diseñados por Miyazaki y hacer una excursión de un día a Nikko desde Tokio es la prueba. Entre toriis cubiertos de musgo, estatuas que sonríen en silencio y budas que parecen observarte con complicidad, uno no sabe si está de turismo o dentro de una película del Studio Ghibli.

En todo viaje a Japón hay un momento en el que sientes que la historia y la naturaleza se fusionan. Aquí sucede desde el minuto uno.

Y es que visitar Nikko supone adentrarse en un viaje al corazón espiritual de Japón, un lugar en donde la tradición budista y sintoísta se dan la mano bajo la atenta mirada de los bosques de cedros.

Un viaje al Japón más espiritual

Historia de Nikko

Hace más de mil años, en el siglo VIII, el monje Shodo Shonin se internó entre las montañas de la región de Kanto buscando un lugar donde meditar. Allí, entre cascadas y cumbres brumosas, fundó el templo de Rinno-ji, origen espiritual de Nikko. No es difícil entender por qué eligió este rincón. Se trata de un auténtico paisaje zen ideal para alcanzar la paz interior… o al menos un buen fondo de pantalla.

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El caso es que, durante siglos, Nikko fue un refugio espiritual oculto entre cimas sagradas. Pero su destino dio un vuelco en el siglo XVII. Y es que, tras la muerte de Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa, sus seguidores decidieron levantar allí su mausoleo. En su honor, su nieto Iemitsu mandó erigir el espectacular santuario Toshogu, en el que trabajaron más de quince mil artesanos y carpinteros de todo el país que cuidaron cada detalle. Porque si vas a rendir homenaje a un shogun, lo haces a todo lujo.

Historia de Nikko

Desde entonces, Nikko se transformó en un lugar de poder y devoción. En la época Edo, grandes procesiones de samuráis y monjes viajaban desde Tokio para rendir homenaje al clan Tokugawa, una tradición que todavía sigue vigente. Cada año, el Gran Festival de primavera de Toshogu recrea el histórico desfile con más de mil hombres vestidos de samuráis en una procesión de lo más solemne y colorida.

Además, en 1934 el entorno natural que rodea Nikko fue declarado Parque Nacional y en 1999, los santuarios Toshogu, Futarasan y Rinno-ji fueron reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Templo Toshogu patrimonio de la humanidad

¿Cómo llegar a Nikko desde Tokio? Tren, naturaleza y cero complicaciones.

Llegar a Nikko desde Tokio es muy fácil y el trayecto en sí mismo constituye una experiencia: pasas del ruido de la ciudad al verde de las montañas en un par de horas. Hay dos opciones principales a la hora de realizarlo: la primera para los usuarios del Japan Rail Pass y la segunda con los trenes privados Tobu Railway.

Shinkansen lo que sí incluye el Japan Rail Pass

Si tienes el Japan Rail Pass, lo más cómodo es coger el Shinkansen Tohoku desde las estaciones de Tokyo Station o Ueno Station hasta Utsunomiya (unos 50 minutos). En Utsunomiya hay que hacer un transbordo a la línea JR Nikko, que te deja en la estación de Nikko en unos 40 minutos más. En total, el viaje dura alrededor de una hora y media y está completamente cubierto por el pase JR.

Si no tienes el Japan Rail Pass, tu mejor opción es salir desde Asakusa Station con la Tobu Railway. El tren Limited Express SPACIA va directo a la estación Tobu-Nikko en unas dos horas. Es una ruta muy práctica y económica, y además la compañía ofrece billetes combinados que incluyen transporte local y descuentos en templos o atracciones.

Estación de tren en Nikko

Ambas estaciones de llegada (la de JR Nikko y Tobu-Nikko) están una al lado de la otra, y desde allí salen autobuses que te llevan a las principales atracciones de la zona: los templos, al lago Chuzenji o a las cascadas Kegon.

Como ves, se trata de un trayecto muy corto y sencillo. Por eso, la excursión de un día a Nikko desde Tokio se encuentra entre nuestras favoritas.

¿Sabías qué…

…Nikko significa “luz del sol”? El nombre le va como anillo al dedo: incluso en los días nublados, el lugar parece brillar con luz propia.

Los imprescindibles de Nikko

Si vas con poco tiempo, apunta bien: estos son los imprescindibles de Nikko, los lugares que hacen que todo el viaje valga la pena. Enamórate de la ciudad sin perderte lo mejor, ni perdonar una buena foto.

Los imprescindibles de Nikko

Santuario Toshogu: la última morada del gran shogun

Como te adelantábamos, Toshogu fue construido originalmente en 1617 para albergar los restos del shogun Tokugawa Ieyasu. Sin embargo, el mérito de su esplendor actual es de su nieto, Tokugawa Iemitsu, que entre 1630 y 1640 se vino arriba con las reformas: más dorado, más tallas, más dragones y más de todo. El resultado: puro lujo samurái.

Toshogu la última morada del shogun

El recorrido empieza en el torii de piedra, que te llevará a la pagoda de cinco pisos, Goju-no-to, cada uno de los cuales simboliza uno de los cinco elementos (tierra, agua, fuego, aire y vacío o cielo). A continuación, tras atravesar el torii principal, llegarás a los almacenes sagrados, destinados a guardar los objetos del santuario. Están ornamentados con relieves en madera. El más famoso representa a los tres monos sabios: uno que no ve, otro que no oye y otro que no habla. Una lección budista sobre cómo enfrentarse al mal… o una forma de descubrir el origen de los emojis más curiosos y utilizados del WhatsApp 🙈🙉🙊.

Los tres monos sabios

Poco después, encontrarás la Puerta Yomeimon, una de las joyas del santuario, ricamente adornada con tallas de flores, animales y criaturas imaginarias. También te cruzarás con el Nemuri-neko, una pequeña talla de madera que representa un gato dormido y que es una de las piezas más famosas del santuario. Este adorable michi protege el descanso del shogun. A continuación, empieza la escalinata que sube hasta el mausoleo y que discurre entre cedros milenarios. Una vez arriba, la tumba de Tokugawa Ieyasu sorprende por su sencillez y su conexión con la naturaleza.

Antes de salir, merece la pena pasar por el Museo Homotsukan, donde se exhiben armaduras, espadas y objetos personales de los Tokugawa.

Mochi británico

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Templo Rinno-ji: el alma budista de Nikko

Rinno-ji es el templo budista más importante de Nikko. Desde su fundación en el año 766, fue creciendo y transformándose, pasando de una sencilla construcción de montaña a un complejo repleto de salas, santuarios y edificios ceremoniales. Lo que empezó como el lugar de retiro espiritual del monje Shodo Shonin acabó convirtiéndose, gracias al apoyo del shogunato Tokugawa, en el gran centro espiritual de la región.

Rinno ji el alma budista de Nikko

La sala principal del templo es la Sanbutsudo o Sala de los tres Budas. Aquí encontrarás tres estatuas doradas de unos ocho metros de altura. Se trata de Amida Nyorai, Senju Kannon (Kannon de mil brazos) y Bato Kannon (Kannon con cabeza de caballo). Estas divinidades son consideradas manifestaciones de las tres montañas sagradas de Nikko y simbolizan la conexión entre el mundo espiritual y la naturaleza. Al salir de la sala principal encontrarás Shoyo-en, un clásico jardín japonés de lo más fotogénico, especialmente en otoño. El recorrido continúa hacia el Homotsu-den o la sala del tesoro, donde se exponen reliquias y objetos antiguos relacionados con la historia del templo y de los Tokugawa.

No muy lejos se encuentra el Kaisando, el salón dedicado al monje fundador Shodo Shonin, donde reposan sus restos y se le rinde homenaje.

Templo Rinno ji

Santuario Futarasan: el segundo templo de Shodo Shonin (porque uno no era suficiente)

El Santuario Futarasan nació en el año 767 gracias al incansable esfuerzo del monje Shodo Shonin. Lo levantó a los pies del monte Nantai, dedicándolo a las deidades de las tres montañas sagradas de Nikko (Nantai, Nyoho y Taro). Es el más antiguo de la ciudad y en él se observa el armonioso vínculo con la naturaleza propio del sintoísmo.

Santuario Futarasan el segundo santuario del shogun

La visita al santuario Futarasan comienza frente al emblemático Puente Shinkyo, un arco rojo que cruza el río Daiya y que, según la leyenda, fue formado por dos serpientes divinas para ayudar a Shodo Shonin a cruzar. Antiguamente sólo podían pisarlo los sacerdotes y el shogun.

Santuario Futarasan

Tras el puente, el camino asciende entre cedros hasta el Honsha, el santuario principal, dedicado a las deidades de las tres montañas. Una vez dentro del recinto, encontrarás el árbol sagrado de los deseos, donde muchos visitantes atan tiras de papel pidiendo suerte en el amor o la vida. Más adelante podrás visitar varios pequeños santuarios secundarios, dedicados a distintas deidades locales, y una colección de antiguas armas ceremoniales y objetos de culto que se exhiben en el museo anexo.

Al salir, reserva un ratito para disfrutar de la magia del entorno: el sonido del río, la sombra de los cedros…Y es que Futarasan es serenidad en estado puro.

¿Sabías qué…

…durante siglos el monte Nantai estuvo vetado a las mujeres por las normas del culto sintoísta? Esta restricción se levantó en el siglo XIX y hoy en día cualquiera puede ascender al monte sagrado.

Templo Taiyuin: el mausoleo del nieto del shogun

Sin duda, uno de nuestros preferidos en Nikko por su encanto y singularidad.

El Templo Taiyuin es el mausoleo de Tokugawa Iemitsu, nieto de Ieyasu y tercer shogun del poderoso clan Tokugawa. El propio Iemitsu lo mandó construir en el siglo XVII para descansar eternamente cerca de su abuelo, pero sin eclipsarlo. Por eso, su diseño recuerda al esplendor del Santuario Toshogu, aunque con un toque más sobrio. Claro que, tratándose de un Tokugawa, “sobrio” significa dorados, lacas y esculturas por todas partes, eso sí, sin perder la elegancia.

Mausoleo Taiyuin el mausoleo del nieto del shogun

El recorrido comienza en la Puerta Nitenmon, una de las más impresionantes de Nikko. Está custodiada por cuatro imponentes dioses guardianes que protegen los puntos cardinales y defienden el santuario del mal. Después, el camino asciende hasta la Puerta Niomon, bellamente decorada. Y luego aparece la Puerta Yashamon, repleta de motivos florales.

Mausoleo Taiyuin

Esta puerta da paso al centro del complejo: el Haiden o sala de oración, ricamente decorado con tallas doradas y lacas negras y el Honden o santuario interior, que no está abierto al público por tratarse del lugar más sagrado del recinto.

Un poco más arriba está el mausoleo propiamente dicho. De estilo sobrio, rodeado de cedros, es un ejemplo más de respeto y fusión con la naturaleza.

El Mausoleo Taiyuin
Mochi británico

Evita el pago de comisiones

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Kanmangafuchi: donde los Jizo juegan al escondite

Muy cerca del centro de Nikko se encuentra Kanmangafuchi, un desfiladero natural formado por una erupción del monte Nantai hace siglos. Hay un sendero que bordea el río Daiya y, aunque apenas dura un kilómetro, te garantizamos que merece la pena. No solo se trata de un recorrido entre helechos y rocas, sino que además, en este sendero encontrarás numerosos Jizo: unas pequeñas estatuas de piedra que protegen a los viajeros y a los niños. ¿Recuerdas que ya aparecían en nuestro post sobre excursión de un día a Kamakura?

Kanmangafuchi donde los jizu juegan al escondite

Cuenta la leyenda local que el número de Jizos cambia cada vez que intentas contarlos y por eso la gente del lugar los apoda Bake Jizo (jizos fantasma). Lo más probable es que sea la disposición irregular de estas estatuas entre la vegetación la que te confunda, pero, sea como sea, te animamos a intentarlo: al fin y al cabo, perder la cuenta forma parte de la tradición.

¡El Mochi consejo!

¡No te olvides de la rebequita! El clima en Nikko cambia rápidamente y no es de extrañar que haga calor en la zona de los templos y refresque en los alrededores. Llevarte una chaqueta (o cárdigan si eres Elena) puede ser tu salvación.

Hongu Café, el rincón perfecto para una pausa

Y si, después del paseo, te apetece hacer una pausa, Hongu Café es el lugar perfecto. Se trata de un local muy popular que está muy cerca del santuario Futarasan y del puente Shinkyo, en una casa tradicional de madera con vistas al bosque.

Aquí podrás reponer fuerzas con café, matcha y tartas caseras, todo en un ambiente tan tranquilo que te olvidarás del reloj.

Hongu Cafe

Más allá de los templos y bosques: por qué vale la pena hacer noche en Nikko

Si tienes tiempo para quedarte una noche en Nikko, descubrirás que todavía reserva muchas sorpresas. La zona de los templos es solo el principio: en los alrededores hay paisajes naturales espectaculares y rincones que merecen una excursión pausada.

A continuación, te dejamos algunas ideas para otras visitas por la zona:

Más allá de los templos y los bosques

Lago Chuzenji y cascadas Kegon

Este lago fue formado por la erupción del monte Nantai hace nada más y nada menos que 20.000 años. Está rodeado de templos, bosques y aguas termales y se puede recorrer caminando o en barco. Muy cerca del lago se encuentran las cascadas Kegon, de las más famosas de Japón, con sus impresionantes 100 metros de altura. Asómate a alguno de los miradores para sentir el estruendo de sus aguas y la fuerza de la naturaleza en estado puro.

Lago Chuzenji

Pantano Senjogahara, lago Yunoko y cascadas Yudaki

La llanura pantanosa de Senjogahara es otra parada altamente recomendable. Está atravesada por pasarelas de madera que forman un recorrido sencillo, en el que podrás disfrutar del contacto con la naturaleza. Más arriba, encontrarás el lago Yunoko y las cascadas Yudaki, que podrás contemplar desde la cercana pasarela. Existen numerosas rutas de senderismo que conectan los tres puntos y que son de fácil realización.

Parque Senjogahara

Onsen de Yumoto

Yumoto es un pequeño pueblo termal, ubicado junto al lago Yunoko y es famoso por sus onsen o baños termales. Perfecto para una sesión de relax luego de tanta caminata.

Nikko Tamozawa Imperial Villa

Se trata de una antigua residencia imperial del siglo XIX que mezcla la arquitectura tradicional japonesa con el estilo occidental.

Mochi británico

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Nikko Edo Wonderland

Si lo que te apetece es un plan más cultural, no dudes en acercarte a Nikko Edo Wonderland, un parque temático que recrea la vida en el periodo Edo y que te sorprenderá con sus casas de madera, tenderetes, puentes, jardines y hasta una prisión samurái. Podrás elegir entre alquilar un traje tradicional de samurái, ninja o geisha y disfrutar de los espectáculos que ofrece el parque: duelos a espada, funciones de teatro kabuki o demostraciones ninja. Ideal si viajas con niños (o con adultos con alma de niño).

Nikko Edo Wonderland

Cascadas Kirifuri

Mucho menos conocidas (y concurridas) que las cascadas Kegon, pero igualmente bonitas. Su nombre significa “cascada de la niebla que cae” porque las corrientes de agua parecen suspenderse en el aire.

Nikko Suginamiki Kaido (la avenida de los cedros entre Nikko y Utsunomiya)

La carretera nacional que une Nikko con la vecina ciudad de Utsunomiya, situada a unos 40 km al sur, está flanqueada por más de 12.000 cedros japoneses que fueron plantados hace 400 años por los seguidores del clan Tokugawa. Si viajas en coche, no te pierdas este espectáculo natural que fue reconocido en el Libro Guinness como la avenida arbolada más larga del mundo.

Nikko Suginamiki Kaido

¿Ya te hemos convencido de que Nikko merece la pena? Sin duda, es un destino diferente y espiritual que te aleja del ruido, el tráfico y el bullicio de las grandes ciudades de Japón. Uno de los mejores lugares para conocer la serena naturaleza que ha inspirado desde monjes hasta directores de cine a lo largo de los siglos.

Ahora la duda es: ¿Nikko es un destino para visitar en un solo día o te animas a hacer al menos una noche y descubrir todos sus secretos?

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